Instinto m. (latín instinctus). Estímulo interior que determina a los animales a una acción dirigida a su conservación o reproducción. // Impulso o movimiento del Espíritu Santo, hablando de inspiracions sobrenaturales. // ant. Instigación o sugestión. // Por instinto mod.adv. Por un impulso o propensión maquinal e indeliberada.

 

El ser vivo es un individuo que se adapta a las condiciones del medio que lo rodea sin disolverse en él.

Adelgazar es adaptarse a un nuevo sistema de pensamiento sin sentirse obligado a realizarlo; se debe hacer por convencimiento y sin castigarse. Este nuevo modelo de actitud se basa en una serie de realidades sociales y personales.

Este libro tiene la intención de ser una obra de referencia con motivo de ayudar en el difícil camino del adelgazamiento. En él he intentado crear unas normas básicas con sus razonamientos para su mejor comprensión.

La alimentación es el primer elemento exterior que entra en contacto con nuestra interioridad y está directamente influenciada por todos los fenómenos que constituyen la vida.

Actualmente la felicidad se consigue, o da la impresión de conseguirse, a través de las compras y de lo inmediato. (Ej. Picar).

La civilización urbana y técnica que emergió en la década de los sesenta trajo con ella el individualismo. Ello comportó un desplazamiento progresivo de los valores, sobre todo los morales, y la búsqueda de satisfacciones personales a través de las distracciones, las vacaciones o el consumo. Así, el alimento también modifica sus estatutos. Si antes era un elemento de conexión, un valor, una garantía de tradición, ahora se convierte en sí mismo en un elemento de placer, en un objeto capaz de proporcionar una satisfacción inmediata, pero también en un medio individual de identificarse.

Nuestra sociedad se define como una multitud solitaria, los individuos se separan de sus amigos, de sus familiares, de los vínculos habituales que formaban las antiguas referencias básicas de nuestro entorno social.

El individuo debe elegir todos sus actos y, por supuesto, también en el tema alimentario.

Cada vez pasamos menos tiempo en la cocina; el hecho de preparar la comida no se relaciona con la idea de placer, sino con la de obligación. Vivimos en una sociedad en la que predomina la noción de placer.

Aparece una modificación en nuestra manera de comprar: acudimos a hipermercados una vez a la semana: es decir, reducimos el tiempo que dedicamos a la compra, cosa que comportará también una modificación real en nuestra relación con los productos. Ya no se compra cada día, la cesta ha sido sustituida por el carrito que exige que lo llenen. Un hipermercado está lleno de trampas, de tentaciones planificadasa mediante sutiles técnicas de venta. La compra compulsiva adquiere aquí todo su significado.

El alimento ha perdido toda su tradicionalidad para convertirse en un producto industrial sin un origen propio.

Se puede decir que tendemos a la homogeneización de los gustos y de los sabores. En las grandes superfícies parece que es posible elegir más, pero esto es más bien engañoso porque únicamente estamos ante una mayor elección homogénea.

El alimento ha superado su valor inicial, es decir, la simple capacidad que tiene de hacernos vivir, para convertirse en una preocupación cuya culminación es la buena salud.

Hay que racionalizar la manera de consumir y, sobre todo, ante las múltiples posibilidades que tenemos a la hora de escoger, debemos ser capaces de conseguir encontrar un equilibrio.

La noción de régimen responde a estas expectativas. Pero hacer un régimen no significa forzosamente tener una buena salud y estar bien alimentado.

Un régimen es también una propuesta de educación alimentaria basada en datos científicos.

En todos los regímenes propuestos subsiste una idea en común: una alimentación adecuada debe basarse en la química y desgraciadamente, nuestra sociedad no educa a nuestros hijos para que se alimenten según datos comprobados. Hacer régimen no quiere decir reprimirse durante un período de tiempo y volver a una alimentación incorrecta después, sino revisar su sitema de valores alimentarios.

Hay muchas y buenas teorías científicas actuales que son válidas pero van en contra de nuestros hábitos alimentarios y no hay nada más difícil que cambiarlos. Así que antes de abordar una disciplina alimentaria diferente, deberíamos repasar el lugar que ocupa la alimentación en nuestra propia vida. Ésta es la intención de la DIETA INSTINTIVA.

Debemos dedicar más tiempo a comer, a saborear la comida, hay que compartir tranquilamente ese instante, hacer de él un momento priviligiado para toda la familia.

La alimentación no debe ser una fuente de frustraciones. En ningún caso debemos vincular el alimento a un sentido de culpabilidad. No hay que buscar adelgazar sin reflexión previa, debemos cuestionarnos realmente sobre cuál es el origen de nuestro deseo de adelgazar.

La imagen que tenemos de nosotros mismos determina el bienestar que nos ofrece nuestro cuerpo y nos permite vivir en armonía con él.

Todas las personas son capaces de adelgazar, pero no todas perderán peso en el mismo tiempo. Para la dieta, el tiempo debe ser nuestro aliado, no nuestro enemigo.

 


Dr. Tufet - Medicina Estética   93-458 32 70
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