El orígen del exceso de peso en nuestra sociedad se fundamenta en la mayor ingesta de grasas y menor de hidratos de carbono
(= féculas
o azúcares), sin cambios importantes en los niveles de energía ingerida.

Los humanos solo somos capaces de quemar y eliminar un 25% del exceso de alimento ingerido, depositando el 75% restante como grasa del cuerpo.

Si la dieta es equilibrada la conversión de hidratos de carbono o grasa es mínima evitando el aumento de peso.

El exceso de peso se produce por la ingesta de una proporción excesiva de grasas en la dieta.

Cuando la proporción de hidratos de carbono en la dieta de las mujeres EX OBESAS disminuye, su capacidad de metabolización de alimentos desciende de forma global mucho más que en las mujeres delgadas. Esto puede ocurrir por descenso de la cantidad de azúcar total o por aumento de la proporción de grasas.

En la actualidad está aumentando el peso medio de la sociedad al tiempo que se reduce la ingesta energética.

Los edulcorantes artificiales estimulan el apetito pero no lo sacian, con lo que en la práctica incluso llegan a inducir aumento de peso.

Los hidratos de carbono controlan el apetito, mientras que la grasa lo altera, así una dieta rica en grasa conduce a una mayor ingesta energética global, mientras que la rica en hidratos de carbono la disminuye. Sería muy interesante poder disponer de tablas que indican el poder saciador del apetito de los distintos alimentos, ya que éste no está del todo ligado al contenido energético.

Existe un nivel de saturación del gusto dulce por el cual hallamos los alimentos demasiado dulces, pero no existe un nivel tal de saturación para las grasas.

Hay una preferencia por los alimentos grasos en mujeres obesas con respecto a las delgadas, pero las preferencias por el azúcar eran más bajas en las obesas que en las delgadas siendo máximas en las ex obesas. De hecho las preferencias por alimentos grasos y dulces son máximas para las personas sometidas a dietas de adelgazamiento.

Los hombres obesos prefieren alimentos ricos en carnes y grasas, pero las mujeres obesas solo prefieren las grasas, no la proteína. El apetito por las grasas puede deberse a factores metabólicos, aspectos sensoriales y factores psicológicos.

Una dieta con hidratos de carbono facilita la metabolización y baja el apetito mientras que la dieta rica en grasas no aumenta la metabolización y no disminuye el apetito.

La ingesta diaria de unos 45 gramos de pescado reduce en términos generales el riesgo de enfermedad coronaria en un 40%.



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